Juana de Arco
Juana de Arco Fue una declaración tan sencilla y salió con tanta naturalidad de su corazón que nos emocionó a todos y no la tomamos a broma. Pero llegó un día en que nos acordamos de aquella frase con tristeza no exenta de orgullo y nos alegramos, entonces, de no haber reído. Tuvimos la evidencia de cuán honradas y auténticas fueron sus palabras, al comprobar en su momento con qué fidelidad las cumplió solicitando justo aquel favor del Rey, al mismo tiempo que renunciaba a reclamar para ella el más mínimo bien material.