Juana de Arco
Juana de Arco Me pareció que su clara inteligencia debÃa encontrarse en aquellos momentos algo nublada. De mantener su mente normal, se habrÃa percatado de que la consideración de los hechos sólo podÃa significar una cosa. Tal vez, si los examinase de nuevo y ordenadamente, verÃa la realidad. Asà que le dije:
—Juana, vuestro corazón, que adora a Francia, ha conseguido engañar a vuestra cabeza. No os dais cuenta de la importancia de estos hechos. Venid, quiero haceros un esquema de la situación, dibujándolo aquà en el suelo, con un palo. Bueno. Lo comprendido entre estas rayas es Francia. A través de ella y por el centro, he trazado un rÃo.
—SÃ, el Loira —aclaró Juana.
—Bien, pues ahora fijaos: Toda esta mitad norte del paÃs se encuentra en las miserables garras del inglés.
—Sà —continuó Juana.
—Y más abajo, toda esta mitad sur, no pertenece realmente a nadie en absoluto, como bien sabe nuestro Rey, que por eso planea desertar y huir a un paÃs extranjero. Pero Inglaterra mantiene aquà ejércitos. Oponerse a ellos equivale a la muerte y puede conseguir la sumisión absoluta en cuanto lo desee. La pura verdad es que Francia ya está perdida, que Francia ha dejado de existir. Lo que antes era Francia, ahora sólo es una provincia británica. ¿No es verdad lo que digo?