Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn »Bueno, pues al día siguiente corrió la noticia de que había desaparecido el negro. Descubrieron que no se le había visto desde las diez de la noche en que se cometió el asesinato. Entonces le culparon a él, ¿comprendes?, y cuando aún estaban furiosos, volvió Finn al día siguiente y se fue llorando al juez Thatcher para sacarle dinero con que perseguir al negro por todo Illinois. El juez le dio cierta cantidad y por la noche se emborrachó y anduvo rondando por ahí hasta después de medianoche con un par de forasteros de aspecto dudoso, con los que luego se marchó.
»Bueno, pues desde entonces no ha vuelto, y no esperan que vuelva hasta que el asunto esté un poco olvidado, porque ahora la gente cree que fue él quien mató al chico y que arregló las cosas para hacer creer que lo habían hecho unos ladrones y poder conseguir el dinero de Huck sin tener que enzarzarse en un pleito largo. Dice la gente que es muy capaz de hacerlo. ¡Oh! Es astuto, sin duda alguna. Si sabe aguantar un año sin volver, no correrá peligro. No se puede probar nada contra él, ¿sabes? Y para entonces los ánimos se habrán calmado y podrá conseguir el dinero de Huck sin dificultad.
—Supongo que sí, señora. Nada veo que se lo impida. ¿Ha dejado todo el mundo de creer que lo hizo el negro?