Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Bueno, pues procura recordarlo, George. No sea que se te olvide y me digas que es Alexander antes de irte y quieras arreglar las cosas diciendo que te llamas George Alexander, cuando te sorprenda mintiendo. Y no te acerques a las mujeres con ese vestido de indiana. Haces el papel de niña bastante mal, aunque quizá podrías engañar a los hombres… pero solo quizá. Mira, muchacho: cuando te pongas a enhebrar una aguja, no tengas quieto el hilo y acerques la aguja a él; ten quieta la aguja y pínchala con el hilo: así lo hace una mujer. Los hombres lo hacen al revés.
»Y cuando tires contra una rata o algo, álzate de puntillas y levanta la mano por encima de la cabeza con toda la torpeza de que seas capaz y procura que el proyectil caiga por lo menos a seis o siete pies de distancia de la rata. Has de tirar con el brazo rígido desde el hombro, como si allí hubiera un eje para girarlo… como una muchacha; no desde la muñeca y el codo, con el brazo hacia un lado…, como un chico.