Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn »Y ten en cuenta que, cuando una muchacha quiere coger algo en la falda, separa las rodillas; no las junta como has hecho tú para recoger la barra de plomo. Me he dado cuenta de que eras un chico tan pronto has querido enhebrar la aguja, y entonces he ideado las otras tretas para asegurarme. Ahora, vete a casa de tu tío, Sarah Mary Williams George Alexander Peters, y si te encuentras en algún aprieto, manda aviso a la señora Judith Loftus, que soy yo, y haré lo que pueda por sacarte de él. Sigue la senda del río todo el camino y, la próxima vez que te pongas a andar, lleva zapatos y calcetines. El camino del río es rocoso y ¡vaya pies que tendrás cuando llegues a Goshen!
Empecé a andar un poco río arriba, y luego deshice lo andado y me encaminé a donde tenía la canoa, un buen trecho más abajo de la casa. Salté dentro y me marché más que aprisa. Remé aguas arriba lo suficiente para encontrarme al nivel del extremo norte de la isla y luego empecé a cruzar.