Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn ES MEJOR DEJAR LA MORAL EN PAZ
Sería alrededor de la una cuando por fin llegamos al extremo de la isla. La balsa parecía ir desesperadamente despacio. Si llegara a presentarse una embarcación, pensábamos tomar la canoa y dirigirnos a toda prisa a la costa de Illinois. Fue una suerte que no apareciera un barco porque no se nos había ocurrido poner la escopeta en la canoa, ni los aparejos de pescar, ni nada para comer. Teníamos demasiada prisa para pensar en tantas cosas. No estuvo muy bien pensado ponerlo todo en la balsa.
Si los hombres fueron a la isla, supongo que encontrarían la hoguera que encendí y que la vigilarían toda la noche esperando el regreso de Jim. Fuera como fuese, el caso es que no se nos acercaron y, si no les engañé con el fuego que hice, no fue culpa mía. Obré con ellos tan torcidamente como pude.
Cuando empezó a clarear el día, amarramos a una punta de estopa en un gran recodo del lado de Illinois, y con el hacha cortamos ramas de álamo que nos sirvieron para cubrir la balsa de manera que pareciese como si en la ribera se hubiese producido un hundimiento de tierras. Una «punta de estopa» es un banco de arena tan cubierto de álamos como un trillo de cuchillas.