Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

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Por el lado de Missouri había montañas, y una espesa arboleda por el de Illinois, y la parte navegable estaba más cerca de la ribera de Missouri por aquel lado, de modo que no temíamos que nadie viniera a tropezarse con nosotros. Nos estuvimos allí tumbados todo el día, viendo pasar balsas y vapores por cerca de la ribera de Missouri, y a los buques que iban río arriba luchar contra la corriente por el centro. Le conté a Jim el rato que había pasado charlando con aquella mujer; y Jim dijo que era una mujer muy lista y que si ella hubiese salido en nuestra persecución no se hubiera sentado a vigilar una hoguera, no señor, ella hubiese ido con un perro.

Pues entonces, dije yo, ¿por qué no podía decirle a su marido que llevara un perro? Jim dijo que apostaba a que esa idea se le habría ocurrido cuando los hombres estuvieron preparados para salir. Y opinaba que debían de haberse ido a la población a buscar un perro y por eso habían perdido tanto tiempo, de lo contrario no estaríamos entonces allí a dieciséis o diecisiete millas por debajo del pueblo, no señor: estaríamos de nuevo en la población. Entonces dije yo que me tenía sin cuidado el motivo de que no nos hubieran pillado, con tal de que no lo hicieran.



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