Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Cuando anocheció, asomamos la cabeza por el macizo de álamos y miramos arriba, abajo y enfrente; nada a la vista. Así pues, Jim levantó algunas de las tablas superiores de la balsa y construyó un cómodo cobertizo para guardarnos del sol y de la lluvia y conservar secas las cosas. Jim hizo una tarima para el cobertizo y la alzó un pie o más sobre el nivel de la balsa, de manera que las mantas y todas las demás cosas quedaron fuera del alcance de las olas que levantaban los vapores al pasar.
En el centro mismo del cobertizo colocamos una capa de tierra de cinco o seis pulgadas de grueso con un marco alrededor para que no se corriera de su sitio. Era para encender el fuego encima cuando el tiempo fuese de lluvia o hiciese frío. El cobertizo impediría que se viese. También hicimos unos remos de repuesto, para gobernar, porque uno de los otros podía romperse, encallarse o algo parecido.