Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando llegué a ella, Jim estaba sentado, con la cabeza entre las rodillas, dormido y el brazo derecho colgando sobre el remo de gobernar. El remo estaba destrozado y la balsa cubierta de hojas, ramas y porquería. De modo que estaba claro que había pasado momentos difíciles.

Amarré el bote, me tumbé en la balsa bajo las mismísimas narices de Jim y empecé a bostezar y a estirar los brazos, apretando los puños contra Jim y dije:

—¡Hola, Jim! ¿He estado dormido? ¿Por qué no me despertaste?

—¡Santo Dios! ¿Eres tú, Huck? ¿Y no estás muerto?… ¿No estás ahogado?… ¿Estás de vuelta? Es demasiado estupendo eso para ser verdad, querido. ¡Es demasiado bueno para ser verdad! Déjame mirarte, muchacho, deja que te toque. Y… ¡no estás muerto! Has vuelto sano y salvo, el mismo Huck de siempre… ¡El mismo Huck, gracias a Dios!

—¿Qué te pasa, Jim? ¿Has estado bebiendo?

—¿Bebiendo? ¿Que si he estado bebiendo? ¿He tenido ocasión de beber?

—Pues entonces, ¿por qué hablas sin ton ni son?

—Huck… Huck Finn, mírame cara a cara, mírame cara a cara. ¿No has estado ausente?

—¿Ausente? Pero ¿qué diablos quieres decir? No me he ido a ninguna parte. ¿Adónde tenía que irme?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker