Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Escucha, chico, aquà pasa algo, vaya si pasa. ¿Yo soy yo o quién soy yo? ¿Estoy aquà o dónde estoy? ¡Eso es lo que quisiera saber!
—Me parece que no hay duda de que estás aquÃ, pero creo que no estás del todo bien de la cabeza, Jim.
—Conque no, ¿eh? Bueno, pues contéstame a esto. ¿No te llevaste la cuerda en la canoa para amarrar la balsa a la punta de estopa?
—No, señor. ¿A qué punta de estopa? No he visto ninguna punta de estopa.
—¿Que no has visto ninguna punta de estopa? Escucha: ¿no se desató la cuerda y salió la balsa arrastrada por la corriente rÃo abajo, dejándote a ti y a la canoa atrás, en la niebla?
—¿Qué niebla?
—Pues la niebla. La niebla que ha habido toda la noche. ¿Y no diste tú gritos, y no grité yo hasta que nos metimos por entre las islas y uno de nosotros se perdió y el otro era como si se hubiera perdido, porque no sabÃa dónde estaba? ¿Y no me estrellé yo contra todas esas islas y las pasé canutas y por poco me ahogo? ¿No es asÃ, muchacho?… ¿No es asÃ? Contéstame a eso.