Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Pero yo dije que, a lo mejor, nos creerÃamos que pasábamos junto al pie de una isla y volvÃamos a salir al mismo rÃo. Esto inquietó a Jim, y a mà también. De modo que la cuestión era: ¿qué harÃamos? Yo propuse remar hacia tierra en cuanto apareciera la primera luz, decir que papá venÃa detrás con una barcaza y que era novato en la profesión y querÃa saber a qué distancia estábamos de Cairo. A Jim le pareció buena la idea, de modo que la celebramos fumando una pipa y esperamos.
Ahora no tenÃamos nada que hacer, como no fuera poner ojo de lince por si aparecÃa una población. Jim dijo que estaba seguro de que él la verÃa, porque asà que la viese serÃa hombre libre; pero, si no la veÃa, continuarÃa en paÃs de esclavos y no volverÃa a tener ocasión de escaparse. De vez en cuando se ponÃa en pie de un salto y gritaba:
—¡Ahà está!