Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Nos acercamos a unos matorrales y Tom obligó a todos a que jurásemos guardar el secreto y luego les enseñó un agujero en la colina donde era mayor la espesura de la maleza.
Encendimos las velas y entramos a gatas. Así continuamos un buen trecho, y entonces la caverna se ensanchó. Tom rebuscó entre las galerías y no tardó en meterse por debajo de una pared, donde uno no hubiera advertido que había un agujero.
Pasamos por un sitio estrecho y entramos en una especie de cuarto, húmedo y frío, y allí nos paramos. Tom dijo:
—Ahora crearemos la cuadrilla de bandoleros y la llamaremos la Cuadrilla de Tom Sawyer. Todo el que quiera ser de ella ha de prestar juramento y escribir su nombre con sangre.
Todos se mostraron conformes. Por ello Tom sacó una hoja de papel, en la que estaba escrito el juramento, y la leyó. Los que firmaban juraban no abandonar la cuadrilla y no revelar nunca ninguno de sus secretos. Y si alguno le hacía algo a algún muchacho de la cuadrilla, el niño a quien se le mandara dar muerte a esa persona y a su familia, tenía que hacerlo. Y no debía comer, ni debía dormir, hasta haberlos matado y rajado su pecho con una cruz, que era la señal de la banda.