Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn ME ADOPTAN LOS GRANGERFORD
HabÃa transcurrido como medio minuto cuando alguien habló por una ventana, sin sacar la cabeza, y dijo:
—¡Basta, muchachos! ¿Quién anda ah�
—Yo —dije.
—¿Quién es «yo»?
—George Jackson, señor.
—¿Qué desea usted?
—No deseo nada. Solo quiero seguir mi camino, pero los perros no me dejan.
—¿Por qué va merodeando por aquà a estas horas de la noche, eh?
—No iba merodeando, me caà del vapor al agua.
—Ah, ¿s� A ver si encendéis la luz. ¿Cómo ha dicho que se llama?
—George Jackson. No soy más que un niño.
—Escucha, si dices la verdad, no has de temer nada… Nadie te hará daño. Pero ¡no intentes moverte! Continúa donde estás. Despertad a Bob y a Tom y traed las escopetas. George Jackson, ¿hay alguien contigo?
—No, señor; nadie.
Entonces oà movimiento de gente dentro de la casa, y vi luz. El hombre gritó:
