Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Había cuatro, y una tinada de unos cuatro pies de altura a corta distancia del árbol, y al principio había pensado esconderme detrás de ella; pero sin duda fue una suerte para mí que no llegase a hacerlo.
Cuatro o cinco hombres caracoleaban a caballo frente al almacén de troncos, jurando, gritando e intentando coger a un par de jóvenes que estaban detrás de la tinada, junto al embarcadero; pero no lo conseguían. Cada vez que uno de ellos se asomaba por el lado de la tinada que daba al río, los sitiados disparaban contra él. Los dos muchachos estaban agazapados espalda contra espalda detrás de la tinada, de manera que podían vigilar en ambas direcciones.
Por fin los hombres dejaron de bailar por allí y de gritar. Empezaron a cabalgar en dirección al almacén. Entonces uno de los muchachos se levantó, apuntó por encima de la tinada y derribó a uno de ellos del caballo. Todos los hombres se apearon, recogieron al caído y lo llevaron hacia el almacén. En aquel momento los dos muchachos echaron a correr.