Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn ¡¡Declamado por él mismo 300 noches consecutivas en París!!
Solo por una noche,
debido a urgentes compromisos europeos.
Entrada, 25 centavos; niños y criados, 10 centavos
Después nos pusimos a recorrer la población. Casi todas las tiendas y casas eran cabañas de madera seca que nunca había sido pintada. Estaban a tres o cuatro pies del suelo, montadas sobre estacas, para que no se las llevara el río cuando este se salía de madre.
Las casas estaban rodeadas de jardincitos; pero en ellos no parecía crecer gran cosa, como no fuera estramonio, girasoles, montones de ceniza, botas y zapatos viejos y retorcidos, pedazos de botella, trapos y latas gastadas. Las vallas estaban hechas con distintas clases de maderas, clavadas en distintas épocas, y se inclinaban en todas direcciones, y sus puertas generalmente solo tenían un gozne, y aun de cuero.
Algunas de las vallas habían sido blanqueadas alguna vez, pero el duque dijo que seguramente lo habrían hecho en tiempos de Colón. Por regla general se veían cerdos en los jardines y gente que se esforzaba en sacarlos.