Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Yo dije: bueno, pues entonces lo que hay que hacer es atacar a los magos. Tom Sawyer dijo que yo era un cabezota.
—Pero —dijo—, ¡si un mago puede llamar a un montón de genios que te harÃan picadillo en menos de lo que canta un gallo! Son tan altos como un árbol y tienen una cintura como una iglesia.
—Bueno —dije yo—, entonces, ¿y si buscáramos a unos genios que nos ayudaran a nosotros? ¿No podrÃamos vencer a los otros asÃ?
—¿Cómo los conseguirÃas?
—No lo sé. ¿Cómo los consiguen ellos?
—Pues frotan una lámpara vieja de hojalata, o un anillo de hierro, y los genios se presentan con truenos y relámpagos y rodeados de humo; y todo lo que se les manda hacer lo hacen. Para ellos no es gran cosa arrancar de raÃz una torre de hacer municiones y dar con ella en la cabeza de un inspector de escuela dominical, o de cualquier otro hombre.
—¿Quién les hace revolucionarse de esta manera?