Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Bueno, pues aquella noche representamos la función nuestra; pero no fueron más que una docena de personas; lo justo para pagar gastos. Y no dejaron de reír un momento y el duque se puso furioso. Y, sea como fuere, todo el mundo se marchó antes de que hubiese terminado la función, menos un niño que se había quedado dormido. Y por aquel motivo el duque dijo que los cabezotas de Arkansas eran incapaces de apreciar a Shakespeare. Lo que querían eran bufonadas, o tal vez algo peor que bufonadas, dijo.
Dijo que comprendía perfectamente su mentalidad. De modo que, a la mañana siguiente, cogió unas hojas grandes de papel de envolver y un poco de pintura negra y preparó unos carteles y los pegó por todo el pueblo. Decían:
¡EN EL PALACIO DE JUSTICIA!
¡Solo por tres noches!
¡DAVID GARRICK EL JOVEN!
y
¡EDMUND KEAN EL VIEJO!
de los teatros londinenses y continentales,
en su emocionante tragedia
¡¡¡EL CAMELOPARDAL
o EL REAL NOHAYTALREY!!!
Entrada: 50 centavos
Después, abajo, iba la línea más larga de todas, que decía: