Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Más tarde, cuando estaban dormidos y roncando, Jim dijo:
—¿No te extraña la manera de obrar de esos reyes, Huck?
—No —le contesté—, no me extraña.
—¿Por qué no, Huck?
—Pues no me extraña porque lo llevan en la sangre. Creo que todos son iguales.
—Pero, Huck, estos reyes nuestros son unos pillos de siete suelas, eso es lo que son: pillos de siete suelas.
—Pues eso es lo que estaba diciendo. Todos los reyes son unos pillos, al parecer.
—¿S�
—Lee tú algo de ellos alguna vez, ya lo verás. FÃjate en Enrique VIII; a su lado, el nuestro parece el superintendente de una escuela dominical. Y fÃjate en Carlos II, y en Luis XIV, y en Jacobo II, y en Eduardo II, y en Ricardo III, y en cuarenta más, aparte de todas estas heptarquÃas sajonas que tanto corrÃan por ahà en tiempos antiguos armando la de San QuintÃn.