Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Durante dos o tres días estuve pensando en esto y luego decidí probar si había algo de verdad en el asunto.
Busqué una vieja lámpara de hojalata y un anillo de hierro y me fui al bosque y froté y froté hasta sudar como un piel roja, pensando edificar un palacio y venderlo; pero fue inútil; ninguno de los genios se presentó.
Conque entonces me dije que todo eso no era más que una de las mentiras de Tom Sawyer. Quedé convencido de que él creía en los árabes y en los elefantes; pero, en cuanto a mí, yo opino de distinta manera. Tenía todas las señales de una escuela dominical.