Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Después con el brazo rodeó al rey por un lado, mientras Susan y la del labio partido lo hacÃan por el otro. Todo el mundo aplaudió y pataleó, armando una gresca imponente, y el rey irguió la cabeza y sonrió con orgullo. El médico dijo:
—Bien, yo me lavo las manos. Pero os advierto a todos que vendrá un dÃa en que tendréis retortijones cada vez que recordéis esta ocasión.
Y se fue.
—Perfectamente, doctor… —dijo el rey, burlón—; cuando llegue ese momento, procuraremos que le manden llamar a usted.
Cosa que hizo reÃr a todo el mundo y que todos consideraron un golpe magnÃfico.