Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Fui amigo de vuestro padre y soy amigo vuestro; y como amigo os aviso, como amigo verdadero que quiere protegeros y libraros de todo mal y todo apuro, os aconsejo que le deis la espalda a este canalla y no queráis tratos con él, el muy ignorante, el muy vagabundo, con su estúpido griego y su idiotez de hebreo como él lo llama.
»Se ve a la legua que es un impostor… Ha venido aquà con un sinfÃn de nombres huecos y hechos que se ha aprendido en alguna parte y que vosotras los tomáis como pruebas, y estos necios de nuestros amigos, que debieran tener más sentido común, os hacen coro para que os engañéis vosotras mismas. Mary Jane Wilks, tú sabes que soy tu amigo desinteresado por añadidura. Atiéndeme, echa a este despreciable canalla… Te suplico que lo hagas. ¿Lo harás?
Mary Jane se irguió y, ¡caramba, qué bonita era!, dijo:
—Aquà está mi respuesta.
Levantó la bolsa de dinero y la puso en manos del rey, diciendo:
—Toma esos seis mil dólares y ponlos en el negocio o asunto que quieras para mà y para mis hermanas, y… no queremos que nos des recibo.