Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Pero, Robinson, ¿no te has enterado? Este es Harvey Wilks.
El rey sonrió, simpatiquÃsimo, alargó la mano y dijo:
—¿Es el querido buen amigo y médico de mi pobre hermano? Yo…
—¡No me dé la mano! —contestó el doctor—. Usted habla como un inglés, ¿eh? En mi vida vi peor imitación. ¡Usted, el hermano de Peter Wilks! ¡Es usted un embaucador, eso es lo que es!
¡Canastos y cómo se pusieron todos! Rodearon al médico y trataron de apaciguarle y explicarle, y decirle cómo Harvey habÃa demostrado de cuarenta mil maneras que era Harvey y que conocÃa a todo el mundo por su nombre, y hasta los nombres de los perros, y le suplicaron que no hiriera las susceptibilidades de Harvey y las de las pobres chicas, y cosas por el estilo.
Pero fue inútil: siguió despotricando y diciendo que el hombre que afirmara ser inglés y no supiera imitar el acento mejor que él era un usurpador y un embustero. Las pobres muchachas se habÃan colgado del rey y lloraban, y de pronto, el doctor fue y se volvió hacia ellas. Dijo: