Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Me dije, para mis adentros: ¡y esta es una de las muchachas a quienes voy a permitir que les robe el dinero ese viejo reptil…!
Después entró Susan a la carga, y, creedme, ¡vaya filÃpica que le soltó a Labio Partido!
Me dije: «¡Y esta es otra de las muchachas a quienes voy a permitir que roben!».
Después, Mary Jane volvió a la carga, y lo hizo con dulzura y de una forma encantadora, porque ella era asÃ, pero, cuando acabó, la pobre Labio Partido estaba poco menos que deshecha. De modo que se puso a llorar.
—Bueno —dijeron las otras muchachas—, pues pÃdele perdón.
Y me lo pidió. Y lo hizo maravillosamente. Lo hizo de un modo tan hermoso que resultaba gloria pura escucharla, y me hubiese gustado poderle decir mil mentiras más para que pudiese hacerlo otra vez.
Me dije: «Esta es otra de las muchachas a las que voy a permitir que ese robe». Y cuando terminó, todas se desvivieron para que me sintiera como en mi propia casa y supiera que me encontraba entre amigos. Me sentà tan canalla y tan bajo, y tan ruin, que me dije: «Estoy decidido, les salvaré el dinero o reventaré en la empresa».