Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn De modo que pensé: «Iré a registrar sus cuartos». Arriba, el descansillo y el corredor estaban a oscuras, pero encontré la habitación del duque y me puse a buscar a tientas. Sin embargo, pensé que el rey no era persona capaz de permitir que nadie guardase el dinero más que él, así que fui a su habitación y me puse a registrarla.
Enseguida comprendí que no podía hacer nada sin una vela, y no me atrevía a encender una, claro está. De modo que pensé que tendría que hacer lo otro, esperarles escondido y escuchar su conversación. Por entonces oí sus pisadas que se acercaban e iba a meterme debajo de la cama. Alargué la mano hacia ella, pero no estaba donde yo me figuraba; pero toqué la cortina que ocultaba los vestidos de Mary Jane, de modo que me metí detrás de ella, me acurruqué entre los vestidos y me quedé quieto a más no poder.
Entraron y cerraron la puerta, y lo primero que hizo el duque fue agacharse debajo de la cama. Entonces me alegré de no haber encontrado la cama cuando la buscaba. Y, sin embargo, es natural ocultarse bajo la cama cuando se hace algo a escondidas.
Entonces se sentaron y el rey dijo:
—Bueno, ¿qué ocurre? Y procure decirlo pronto, porque es preferible que estemos abajo fomentando el duelo que aquí arriba dándoles ocasión a que nos critiquen.