Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Pues mire —contesté—, es una compañÃa un poco bruta la de esos dos impostores, y me encuentro en una situación en que me veo precisado a viajar con ellos una temporada más, quiera o no… Prefiero no decirle el motivo… y si usted les delatara, este pueblo me librarÃa de sus garras y yo estarÃa bien; pero otra persona de la que usted no sabe nada se encontrarÃa en un gran apuro. Bueno, pues tenemos que salvar a esa persona, ¿no? Naturalmente. Bueno, pues entonces no los delataremos.
Mientras decÃa esto, se me ocurrió una buena idea. Vi la manera de que Jim y yo pudiéramos librarnos, tal vez, de los embaucadores: hacerlos encarcelar allà y después marcharnos. Pero no querÃa navegar en la balsa durante el dÃa sin que hubiera nadie a bordo capaz de contestar preguntas más que yo, de modo que no deseaba que el plan empezase a funcionar hasta que estuviese bastante avanzada la noche. Dije:
—Señorita Mary Jane, le diré lo que haremos… y tampoco tendrá necesidad de estarse en casa del señor Lothrop tanto tiempo. ¿A qué distancia se halla de aqu�
—Escasamente a cuatro millas… tierra adentro, aquà detrás.