Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Pues porque son paperas. Empieza por eso.
—Eso no tiene sentido común. Uno puede dar un traspiés, hacerse daño en un dedo del pie, caer a un pozo, romperse el cuello, reventarse la cabeza y vaciarse los sesos, y si alguien pasara y preguntase de qué habÃa muerto, y un idiota fuera y dijese: «Pues nada, que dio un traspiés y se hizo daño en un dedo del pie», ¿tendrÃa eso sentido común? No. Y esto tampoco lo tiene. ¿Es contagioso?
—¿Que si es contagioso? ¡Qué cosas tiene! ¿Se engancha un trillo… en la oscuridad? Si uno no se engancha en una cuchilla forzosamente se enganchará en otra, ¿no? Y no puede uno irse con esa cuchilla sin arrastrar todo el trillo, ¿no? Bueno, pues este estilo de paperas es una especie de trillo como quien dice… y un trillo de cuidado, por añadidura… se le engancha a uno en serio.
—Pues, en mi opinión, es terrible —dijo Labio Partido—. Iré a ver a tÃo Harvey y…
—Oh, sà —la interrumpà yo—, yo lo harÃa. Claro que lo harÃa. Y sin perder un momento… ¡y un jamón!
—¿Y por qué no?