Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Una vez me dije que serÃa mil veces mejor que Jim fuera esclavo en casa, donde estaba su familia, si es que tenÃa que ser esclavo. Pues me pareció que serÃa lo mejor escribirle una carta a Tom Sawyer y pedirle que le dijese a la señorita Watson dónde estaba. Pero no tardé en abandonar la idea por dos razones: estarÃa furiosa y disgustada por su granujerÃa y por su desagradecimiento al dejarla. De modo que volverÃa a venderle rÃo abajo otra vez. Y si no lo hacÃa, todo el mundo desprecia a un negro desagradecido y no se lo dejarÃan olvidar ni un momento y Jim se sentirÃa despreciable y deshonrado.
Y después, ¡fijaos en mÃ! CorrerÃa la noticia de que Huck Finn habÃa ayudado a escapar a un negro y, si volviera a ver a alguien de la población otra vez, estarÃa dispuesto a arrodillarme y lamerle las botas de tan avergonzado. Siempre ocurre lo mismo: una persona obra mal y después no quiere pagar las consecuencias de sus actos. Cree que, mientras pueda ocultarlo, no es deshonra. Eso me ocurrÃa a mÃ, exactamente.