Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —No —contestó el anciano—, me parece que no habrá función. Y si la hubiere, tampoco podrÃais ir vosotros. El negro fugitivo nos habló a Burton y a mà de ese escandaloso espectáculo, y Burton dijo que se lo dirÃa a la gente, de modo que supongo que a estas horas esos desaprensivos vagabundos habrán sido expulsados de la población.
¡De modo que ya estaba!… Pero yo no podÃa remediarlo. Tom y yo habÃamos de dormir en el mismo cuarto y cama; asà pues, como estábamos cansados, dimos las buenas noches y nos retiramos inmediatamente después de cenar. Salimos por la ventana, nos deslizamos por el pararrayos y nos dirigimos al pueblo, porque no creÃa que nadie fuese a dar el menor aviso al rey y al duque, de modo que, si no me apresuraba y les ponÃa en guardia, las iban a pasar negras.
Por el camino, Tom explicó cómo se creÃa que habÃa sido yo asesinado; que papá habÃa desaparecido poco después y no se le habÃa vuelto a ver, y que la huida de Jim habÃa causado verdadera sensación.