Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Eso no tiene nada que ver con el asunto, Huck Finn. Él no tiene que hacer más que escribir en el plato y tirarlo fuera. No es necesario que se pueda leer. ¡Si la mitad de las veces no puede leerse lo que un prisionero escribe en un plato de hojalata ni en ninguna otra parte!
—Pues entonces, ¿qué se gana con desperdiciar platos?
—Pero ¡qué narices!, si los platos no son del prisionero.
—Pero son de alguien, ¿no?
—Bueno, y si lo son, ¿qué? ¿Qué le importa al prisionero de quién…?
Se interrumpió entonces, porque oÃmos sonar el cuerno que llamaba para el desayuno. De modo que nos fuimos a casa.
Cuando anochecÃa me llevé una sábana y una camisa blanca del tendedero. Y encontré un saco viejo y las metà dentro. Y fuimos a buscar la madera fosforescente y también la metimos dentro. Yo dije que la tomábamos a préstamo, como decÃa papá; pero Tom dijo que eso no era tomar a préstamo: era robar.