Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Dijo que representábamos prisioneros, y a los prisioneros no les importa la manera de conseguir las cosas, mientras las consigan, y por eso nadie piensa mal de ellos. En un prisionero no es un crimen robar las cosas que necesita para fugarse, dijo Tom: es un derecho. De modo que, mientras representáramos ser prisioneros, teníamos perfecto derecho a robar cualquier cosa de allí que pudiera servirnos para escaparnos de la prisión.
Dijo que, si no fuéramos prisioneros, sería otra cosa, y que nadie más que una persona muy baja y ruin robaría no siendo prisionera. De modo que dijimos que robaríamos todo lo que pudiera resultarnos de utilidad. Y, sin embargo, un día después de eso me armó la gran bronca porque robé una sandía del sandiar de los negros y me la comí. Y fue y me obligó a dar diez centavos a los negros sin decirles por qué razón se los daba.
Tom dijo que lo que él quería decir era que podíamos robar cualquier cosa que necesitáramos. Bueno, dije, pues yo necesitaba la sandía. Pero él dijo que no la necesitaba para fugarme de la prisión, que esa era la diferencia. Dijo que, si la hubiese necesitado para esconder un cuchillo dentro y pasárselo de matute a Jim para que pudiera matar al senescal, habría estado bien hecho.