Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn »Y será la tercera que te hago en dos años. Una siempre anda de cabeza para mantenerte en camisas. Y lo que yo no acabo de comprender es qué haces de todas ellas. PodrÃa esperarse que, a tu edad, aprenderÃas a tener un poco más de cuidado con ellas.
—Lo sé, Sally, y de veras que trato de tenerlo. Pero no debiera de ser mÃa toda la culpa, porque bien sabes que yo no las veo y nada tengo que ver con ellas como no sea durante los dÃas que las llevo puestas. Y no creo que haya perdido nunca una camisa mientras la llevara puesta.
—No es culpa tuya si no te ha sucedido, Silas… Lo hubieses hecho si hubieras podido, creo yo. Y además, la camisa no es lo único que ha desaparecido. Falta una cuchara, y eso no es todo. HabÃa diez y ahora solo hay nueve. A lo mejor, la ternera se ha comido la camisa, pero la ternera no se llevó la cuchara, eso es seguro.
—¡Cómo! ¿Qué más ha desaparecido, Sally?
—Han desaparecido seis velas, eso es lo que ha desaparecido. Las ratas pueden haberse llevado las velas, y supongo que asà habrá sido. Lo que me extraña es que no se lleven toda la casa, cuando siempre estás diciendo que vas a tapar los agujeros y no lo haces nunca. Y si no fueran estúpidas, se dormirÃan sobre tu pelo, Silas… tú no te enterarÃas nunca. Pero no puedes culpar a las ratas de la cuchara, eso sà que lo sé.