Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn »Y después, en el último instante, mira por dónde se las piran en nuestras propias narices, y se burlan de nosotros, y no solo de nosotros, sino de los ladrones del Territorio Indio también, y hasta consiguen escapar con ese negro, sanos y salvos, y eso con dieciséis hombres y veintidós perros pisándoles los talones en aquellos momentos. Les digo que da ciento y raya a todo lo que yo haya oÃdo contar. ¡Si no lo hubieran podido hacer mejor los espÃritus ni ser más listos! Y seguramente serÃan espÃritus… porque ustedes ya conocen a nuestros perros, que no los hay mejores. Bueno, pues esos perros ¡ni siquiera les encontraron la pista una sola vez! ¡A ver si ustedes pueden explicarme eso! ¡Cualquiera de ustedes!
—¡Eso sà que da ciento y raya a…!
—¡Santo Dios! En mi vida…
—Como hay Dios que no hubiera esta…
—Ladrones de casa además de…
—¡Cielo santo! ¡Qué miedo tendrÃa de vivir en semejante…!