Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —¡Qué rayos! Han de haber tenido la casa llena de negros todas las noches durante cuatro semanas para hacer todo ese trabajo, comadre Phelps. ¡FÃjese en esa camisa! ¡Toda ella cubierta de escritura africana secreta hecha en sangre! Tiene que haber habido una infinidad de ellos trabajando en eso casi todo el tiempo. DarÃa dos dólares porque me la leyesen, ¡que sà que los darÃa! Y en cuanto a los negros que la escribieron, ya les apañarÃa yo a zurriagazos hasta que…
—¿Gente que le ayudara, comadre Marples? ¡Vaya si lo creerÃa usted si hubiese estado en esta casa de algún tiempo a esta parte! Pero ¡si han robado todo lo que han podido coger… y nosotros vigilando todo el tiempo, fÃjese bien! ¡Del mismÃsimo tendedero robaron la camisa! Y en cuanto a esa sábana con que hicieron la escala, ¡Dios sabe cuántas veces no la robarÃan! Y la harina, y velas, y palmatorias, y cucharas, y el calentador viejo y mil cosas más que no me vienen ahora a la memoria, y mi vestido nuevo de indiana. Y Silas, y yo, y mi Sid, y mi Tom, vigilando constantemente, dÃa y noche como les decÃa, y ninguno de nosotros pudo verlos en absoluto ni oÃr el menor ruido.