Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

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Y su tía Polly dijo que Tom tenía razón, que en su testamento la señorita Watson había dejado libre a Jim. De modo que ¡Tom Sawyer se había molestado y trabajado de aquel modo nada más que por dejar libre a un negro que ya lo era!

Hasta aquel momento y después de aquella conversación nunca había podido comprender yo cómo era posible que ayudase a poner en libertad a un negro quien se hubiera criado como Tom.

Bueno, pues tĂ­a Polly dijo que, cuando tĂ­a Sally le escribiĂł diciendo que Tom y Sid habĂ­an llegado bien, se dijo:

—¿Habrase visto? Debí habérmelo esperado al dejarle marchar sin nadie que le vigilase. De modo que ahora tendré que danzar río abajo y averiguar qué embrollo ha estado armando esta vez ese crío, puesto que no puedo conseguir que Sally me lo diga.

—Pero ¡si no he tenido noticias tuyas! —dijo tía Sally.

—¿Es posible? ¡Si te escribí dos veces preguntándote qué querías decir con eso de que Sid estaba aquí!

—Pues yo no recibí esas cartas, hermanita.

TĂ­a Polly dijo, muy severa:

—¡Tú, Tom!

—Bueno… ¿qué? —dijo él, como enojado.


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