Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Y nosotros le hicimos subir al cuarto de Tom, y hablamos mucho rato. Y Tom le dio cuarenta dólares por haber sido prisionero y haber tenido tanta paciencia, y por hacerlo tan bien. Y Jim se puso más contento que unas pascuas, y estalló y dijo:
—¿Lo ves, Huck? ¿Qué te decÃa yo?… ¿Qué te dije allá, en la isla de Jackson? Te dije que tenÃa el pecho velludo y lo que eso significaba. Y te dije que habÃa sido rico una vez y que iba a volver a serlo. Y ha sido verdad. ¡Y aquà está! ¿Lo estás viendo? A mà no me digas… señales son señales, fÃjate bien en lo que te digo. Y estaba tan seguro de que tenÃa que volver a ser rico como que ahora estoy de pie aquÃ.
Y entonces Tom se puso a hablar y a hablar, y dijo: «Escapémonos los tres de aquà una de estas noches, y consigamos un equipo, y vayamos a correr despampanantes aventuras entre los indios, allá en el Territorio, durante un par de semanas o asû. Y yo dije: «Bueno, por mà no hay inconveniente, solo que me falta dinero para comprarme el equipo. Y supongo que no podrÃa conseguirlo de casa, porque es lo más probable que papá haya vuelto hace tiempo, y se lo haya quitado todo al juez Thatcher, y se lo haya bebido».
—¡Quita! —dijo Tom—. Está todo allà aún… seis mil dólares y más. Y tu papá no ha vuelto desde entonces. Por lo menos no habÃa vuelto cuando yo me marché.