Los diarios de Adan y Eva
Los diarios de Adan y Eva Domingo
Ella no trabaja los domingos, sino que permanece tendida, descansando, y le gusta tener al pez acurrucado sobre ella, y hace sonidos tontos para divertirlo, y simula comerle las patas, lo cual lo hace reÃr. Nunca antes habÃa visto a un pez que pudiera reÃr. Esto me hace dudar… Han llegado a gustarme los domingos. La supervisión de toda la semana cansa mucho el cuerpo. DeberÃa haber más domingos. En los viejos tiempos eran arduos, pero ahora son muy prácticos.
Miércoles
No es un pez. No puedo descubrir qué es. Hace ruidos curiosos y demonÃacos cuando no está satisfecho, y dice «gu-gú» cuando lo está. No es uno de nosotros, pues no camina; no es un ave, pues no vuela; no es una rana, pues no salta; no es una serpiente, pues no repta; estoy seguro de que no es un pez, aunque no tengo ocasión de comprobar si puede nadar o no. Simplemente se queda acostado, la mayorÃa de las veces de espaldas, con los pies para arriba. Nunca antes habÃa visto a un animal hacer eso. Dije que creÃa que era un enigma, pero ella solamente admiró la palabra sin comprenderla. A mi entender es o bien un enigma o bien alguna clase de bicho. Si muere, lo cortaré en partes y veré cómo está hecho. Nunca nada me habÃa dejado tan perplejo.
Tres meses más tarde