Los diarios de Adan y Eva
Los diarios de Adan y Eva Lo vi nuevamente, durante un momento, el pasado lunes al caer la noche, pero sólo durante un momento. Yo esperaba que me alabara por mi intento de mejorar el lugar, pues tenía buenas intenciones y había trabajado arduamente. Pero él no estaba complacido, dio media vuelta y me abandonó. También estaba contrariado por otro motivo: traté una vez más de persuadirlo de que dejara de visitar las cataratas. Es porque el fuego me había revelado una nueva pasión —completamente nueva y distinta del amor, la pena, y esas otras que ya había descubierto—: el miedo. ¡Y es horrible! Ojalá nunca lo hubiera descubierto; me provoca momentos sombríos, empaña mi felicidad, me hace temblar. Pero no pude convencerlo, pues él no ha descubierto aún el miedo, y por tanto no pudo entenderme.
