Narrativa breve
Narrativa breve Pero no era momento de indagar los detalles. Había que hacer algo. John Gray apoyó la mano en el pecho del forastero; aún lo tenía caliente. Se apresuró a frotarle las sienes heladas. Sacudió y zarandeó a su paciente, y le restregó la cara con nieve. Empezaron a advertirse señales de vida. La mirada de John Gray se posó en una petaca de plata caída en la nieve junto a las mantas. La cogió y vertió parte del contenido en los labios del hombre. El efecto fue alentador: el forastero se agitó y exhaló un suspiro. John Gray prosiguió con sus esfuerzos; incorporó al hombre hasta tenerlo sentado, y en ese instante los ojos cerrados se abrieron. Su mirada vagó con expresión confusa y mortecina, hasta detenerse brevemente en el rostro de John Gray y cobrar un poco más de vida.
«Ojalá hablara», se dijo Gray. «Me muero de curiosidad por saber quién es y cómo ha llegado hasta aquí. ¡Bien, va a hablar!»
Los labios del forastero se separaron y, tras uno o dos esfuerzos, brotaron estas palabras:
—Ou suis-je?