Narrativa breve
Narrativa breve El desconcierto de John Gray se reveló en toda su magnitud a través de la expresión de profundo fastidio que se propagó por su rostro, y el forastero percibió, con patente desaliento, que una vez más había fracasado en su empeño de hacerse entender. Forcejeó en vano por ponerse en pie. Mediante una sucesión de desenvueltos pero complejos gestos extraídos del alfabeto de los sordomudos, socavó aún más la ya vacilante razón de John Gray. Luego, utilizando una lengua extranjera particularmente barbárica, comenzó a increpar a Gray por quedarse allí de brazos cruzados y con cara de imbécil cuando debía apresurarse a prestar toda la ayuda posible a un infortunado forastero. Gray habló por primera vez. Dijo:
—¡Cáspita, por fin está despierto! Y bien despierto, además. No hay duda de…
—¡Ah, es usted inglés! ¡Es inglés! ¡Estupendo! ¿Por qué no me lo ha dicho? ¡Vamos, écheme una mano! ¡Ayúdeme a levantarme!
¡Aún valgo menos que veinte cadáveres! ¡Abofetéeme, hágame friegas, pégueme una patada! ¡Déme coñac!
El atónito granjero obedeció las órdenes animosamente, aguijoneado por el imperioso tono del forastero, y entretanto el paciente le daba a la lengua sin parar, ora en un idioma, ora en otro. Finalmente avanzó un par de pasos, se detuvo y, apoyándose en Gray, dijo en inglés: