Principe y mendigo
Principe y mendigo Levantaos, sir Miles Hendon, caballero —dijo gravemente el rey dándole el espaldarazo con la espada de Hendon—. Levantaos y sentaos. Tu petición queda concedida. Mientras subsista Inglaterra y perdure la corona, no caducará tu privilegio.
Apartose Su Majestad meditando y Hendon se dejó caer en una silla junto a la mesa, diciéndose:
«Ha sido una feliz idea, que me ha traÃdo un gran consuelo, porque tenÃa ya las piernas fatigadÃsimas. Si esto no se me hubiera ocurrido, acaso habrÃa tenido que estar en pie semanas enteras, hasta que se cure el seso mi pobre muchacho».
Después de lo cual prosiguió diciéndose:
«Heme aquà convertido en caballero del Reino de los Sueños y de las Sombras. Es una situación peregrina y extraña en verdad para un hombre tan positivo como yo. No quiero reÃrme, de ninguna manera, ¡Dios me libre!, porque esta, que para mà es tan falto de substancia, es real para él. Y para mà en cierto modo tampoco es una falsedad, porque refleja verdaderamente el espÃritu dulce y generoso de este chico». Y terminó, después de una pausa: «¡Ah! ¡Si me llamara con mi hermoso tÃtulo delante de gentes! ¡Qué singular contraste entre mi gloria y mi porte! Pero no me importa: llámeme como quiera y como le agrade, que yo estaré contento».