Principe y mendigo
Principe y mendigo No obstante, su juvenil curiosidad pronto superó esas halagüeñas ideas y sentimientos. Tenía ganas de saber qué clase de delito podían haber cometido la mujer y la niña; y así, por su mandato, trajeron a su presencia a las dos aterradas y sollozantes criaturas.
—¿Qué es lo que han hecho éstas? —preguntó al alguacil.
—Se les imputa, señor, un negro crimen y bien probado, por lo cual los jueces han decretado, con apego a la ley, que sean ahorcadas. Se han vendido al diablo. Tal es su crimen.