Principe y mendigo
Principe y mendigo —Es evidente que estás loco, y me repugna castigarte; pero si me provocas, lo haré. Tus palabras no pueden hacernos daño aquÃ, donde no hay oÃdos que escuchen tus locuras; sin embargo, bueno será que tu lengua se ejercite en hablar con cautela, para que no pueda perjudicamos cuando cambiemos de paraje. He cometido un asesinato y no puedo permanecer en casa, ni tú tampoco, porque necesito tus servicios. Mi nombre ha cambiado por prudentes razones. Ahora es Hobbs, Juan Hobbs. Tú te llamas Jack. Procura conservarlo en la memoria. Dime, ¿dónde está tu madre? ¿Dónde tus hermanas? No han acudido al lugar donde las habÃamos citado. ¿Sabes dónde han ido?
El rey respondió de mal temple:
—No me perturbes con esos acertijos. Mi madre ha muerto. Mis hermanas están en palacio.
El mozo estalló en una carcajada de mofa y Eduardo lo habrÃa atacado si Canty —o Hobbs, como ahora se llamaba— no lo hubiera impedido, diciendo:
—Déjalo, Hugo, no lo molestes. Su mente desvarÃa y tus cosas le irritan. Siéntate, Jack, y estate en paz, que pronto tendrás un bocado que comer.