Principe y mendigo
Principe y mendigo Mas Hugo no esperó el milagro. En un momento estaba en pie y corriendo cual el viento, seguido por el caballero y sin dejar de dar grandes gritos en su fuga. El rey, dando gracias al cielo por su propia libertad, huyó en dirección opuesta, y no aminoró el paso hasta que estuvo fuera del maléfico alcance del villano. Tomó el primer camino que se le ofrecía y no tardó en dejar muy atrás la aldea. Siguió corriendo lo más de prisa que pudo durante varias horas, sin dejar de mirar nerviosamente hacia atrás por si le perseguían, mas al fin le dejaron los temores, y le llegó una agradable sensación de seguridad. Entonces diose cuenta de que tenía hambre, y de que estaba muy cansado. Hizo alto en una granja; mas cuando se disponía a hablar, le atajaron y le despidieron con rudeza. Sus andrajos hablaban en contra suya.
Siguió andando, ofendido, indignado y resuelto a no volver a exponerse a semejante trato; pero el hambre es el amo del orgullo. Así, cuando empezó a caer la noche, hizo otro intento en una nueva casa de labor, pero allí escapó peor que antes, porque le dirigieron palabras gruesas y le amenazaron con prenderle por vagabundo como no se largara más que de prisa.