Principe y mendigo
Principe y mendigo —¿Un penique? Tres te daré, desamparada criatura —dijo el desconocido llevándose la mano a la bolsa con nervioso apresuramiento—. Toma, pobre muchacho, tómalos y que te hagan buen provecho. Ahora ven acá, hijo mÃo, y ayúdame a llevar a tu pobre hermano a aquella casa, donde…
—Yo no soy su hermano —dijo el rey, interrumpiendo.
—¡Cómo! ¿Que no eres su hermano?
—Óiganlo —gruñó Hugo, que no dejó de rechinar los dientes—. ¡Niega a su propio hermano… cuando está con un pie en la tumba!
—Muchacho, duro de corazón eres, por cierto, si éste es tu hermano. ¡Por vergüenza tuya! ¿No ves que apenas puede mover pie ni mano? Si no es tu hermano, ¿quién es pues?
—Un mendigo y un ladrón. Cuando le habéis dado el dinero os ha robado el bolsillo, y harÃais una milagrosa curación si dejarais caer vuestro bastón sobre sus espaldas y dejar lo demás a la Providencia.