Principe y mendigo
Principe y mendigo —Cuando vuelva a recobrar mi dignidad he de honrar siempre a las niñas, porque me acordaré de que éstas han confiado en mà y me han creÃdo en mis desventuras, mientras que los que tienen más años y se creen muy sabios, se han burlado de mà y me han tomado por embustero.
La madre de las niñas recibió bondadosamente al rey, y se mostró llena de compasión, porque su desamparo y su razón, al parecer perturbada, conmovieron su corazón de mujer. Era viuda y pobre, conocÃa las penas demasiado de cerca para no compadecerse de los infortunados. Pensó que el demente niño se habÃa extraviado alejándose de sus amigos y deudos, y asà quiso averiguar de dónde venÃa, para poder dar pasos encaminados a devolverlo; mas todas sus referencias a las aldeas y lugares vecinas, y todas sus preguntas en el mismo sentido, no dieron resultado, porque en la cara del niño y en sus respuestas bien se notaba, que las cosas a que se referÃa la buena mujer, no le eran familiares. El rey hablaba con gravedad y sencillez de asuntos de la corte, y más de una vez ahogaron su habla los sollozos al mencionar al difunto rey, su padre; pero siempre que la conversación cambiaba y versaba sobre materias menos elevadas, el niño perdÃa interés y permanecÃa en silencio.