Principe y mendigo
Principe y mendigo —Bien; ahora eres sensato y razonable. ¿Y devolverás el cerdo?
—Si, lo devolveré, y no volveré a tocar otro aunque me lo envÃe el cielo por mano de un arcángel. Idos, que para vosotros estoy ciego y no veo nada. Diré que me habéis atacado y que por fuerza me habéis arrancado de las manos al prisionero. Es una puerta muy vieja… Yo mismo la echaré abajo, después de medianoche.
—Hazlo asÃ, buena alma, que no te ocurrirá daño. El juez ha tenido amorosa compasión de este pobre muchacho, y no derramará lágrimas ni romperá la cabeza a ningún carcelero por su fuga.