Principe y mendigo
Principe y mendigo Pero Hugo retrocedió, después de revelar una sorpresa momentánea, y clavó la mirada en el intruso; una mirada que revelaba al principio algo de dignidad ofendida, pero que se mudó al instante, como respondiendo a un pensamiento o intención internos, en una exclamación de maravillada curiosidad mezclada con una compasión real o fingida. De pronto dijo con suave acento:
—Tu razón parece perturbada, ¡oh pobre desconocido! Sin duda has sufrido privaciones y duros tratos en el mundo, como parecen denunciar tu cara y tus vestidos. ¿Por quién me tomas?
—¿Por quién te tomo? ¿Por quién te voy a tomar sino por quien eres? Te tomo por Hugo Hendon —dijo enojado Miles.
El otro continuó con el mismo tono suave:
—¿Y quién te imaginas tú ser?
—No se trata aquí de imaginaciones. ¿Pretendes que no conoces a tu hermano Miles Hendon?
En el semblante de Hugo apareció una expresión de agradable sorpresa.