Principe y mendigo
Principe y mendigo —¡Entonces loado sea Dios! Mi alegrÃa vuelve a ser completa. Corre, hermano; haz que venga a mÃ. Si ella dice que yo no soy yo… Pero no lo dirá. No, no; ella me reconocerá. He sido un necio al dudarlo. Tráela aquÃ. Trae a los viejos criados, que ellos me conocerán también.
—Han muerto todos menos cinco: Pedro, Halsey, David, Bernardo y Margarita.
Al decir esto salió Hugo del aposento y Miles se quedó meditando un rato y luego empezó a dar paseos, diciendo entre dientes:
—Los cinco archibellacos han sobrevivido a los veintidós fieles y honrados… ¡Cosa extraña!
Continuó dando pasos a un lado y otro sin cesar de hablar para sÃ, pues se habÃa olvidado por completo del rey; mas de pronto Su Majestad dijo con gravedad y con acento de verdadera compasión, aunque sus palabras podÃan tomarse en sentido irónico.
—No te preocupe tu desventura, buen amigo. Otros hay en el mundo cuya identidad se niega y cuyos derechos se toman a broma. No estás solo.