Principe y mendigo
Principe y mendigo —No —contestó Hendon—, no lo harás. Te perderás tú y de poco servirÃas a mi causa. Pero te doy las gracias, porque me has devuelto mi perdida fe en el género humano.
El viejo criado resultó ser de gran provecho para Hendon y el rey, porque se presentaba varias veces al dÃa para «insultar» al primero, y siempre metÃa de contrabando algunos manjares delicados, para compensar el rancho de la cárcel. También trajo las noticias que corrÃan por el lugar. Hendon reservó los manjares para el rey, pues sin ellos Su Majestad no habrÃa sobrevivido, porque no le era posible comer la grosera, asquerosa comida repartida por el alcaide. Andrews tenÃa que circunscribirse a visitas cortas, para disipar las sospechas, pero en cada una de ellas se las arregló para dar hartos informes, en voz baja, entremezclados de adjetivos insultantes que decÃa en voz alta para que los demás los oyeran.