Principe y mendigo
Principe y mendigo Las mujeres tenÃan la cabeza inclinada y con las manos se cubrÃan el rostro. Las amarillas llamas comenzaron a trepar por entre la crepitante leña, y unos como nimbos de humo azul subieron a disolverse en el viento. En el momento en que el clérigo alzaba las manos y empezaba sus preces, dos niñas llegaron corriendo, y lanzando agudos gritos se abalanzaron sobre las mujeres atadas a los postes. Al instante las arrancaron de allÃ, y a una de ellas, la sujetaron con fuerza; pero la otra logró desasirse gritando que querÃa morir con su madre, y antes de que pudieran detenerla volvió a echar los brazos al cuello de una de las mujeres. Al instante la arrancaron otra vez de allà con los vestidos en llamas. Dos o tres hombres la sostuvieron, y la parte de sus ropas que ardÃa fue rasgada y arrojada a un lado, mientras la niña pugnaba por libertarse, sin cesar de exclamar que quedarÃa sola en el mundo y de rogar que le dejaran morir con su madre. Ambas niñas gritaban sin cesar y luchaban por libertarse, pero de pronto este tumulto fue ahogado por una serie de desgarradores gritos de mortal agonÃa. El rey miró a las frenéticas niñas y a los postes, y luego apartó la vista y ocultó el rostro lÃvido contra la pared, para no ver más.